La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Me toqué la frente con un dedo significativo, mirando a la señora Lenoir, que silenciosa, parecía escuchar con una atención profunda las teorías descorazonadoras de su lamentable esposo. Realmente la compadecía por haber escogido un energúmeno así. Entonces me serví una segunda taza de té.
—¡Ah! vuestro Dios no es el de los teólogos, mi pobre amigo —le dije, sintiendo ganas de llorar.