La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Cuando llegaba al borde del estanque, lema, muy lentamente —¡y sin ningún ruido!— arriesgaba una bota, después la otra, y avanzaba a través de las aguas con precauciones inauditas, hasta tal punto inauditas que apenas se atrevía a respirar. Como un melómano ante la inminencia de la esperada cavatina. Así que, para cubrir los veinte pasos que le separaban de sus queridos virtuosos, empleaba generalmente de dos horas a dos horas y media, tanto temía alarmar la sutil vigilancia del negro guardián.
El soplo de los cielos faltos de estrellas agitaba quejumbrosamente los altos ramajes que en las tinieblas rodeaban al estanque: pero Bonhomet, sin dejarse distraer por el misterioso murmullo, no dejaba de avanzar disimuladamente hasta que, hacia las tres de la mañana, se encontraba, invisible, a medio paso del cisne negro, sin que éste hubiera notado el menor indicio de su presencia.