La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Cuando pienso en la luz —continuó—, mi huÂmildÃsimo espÃritu coincide con lo que hace que toda luz pueda producirse. El EspÃritu, en quien, desemboca toda noción asà como toda esencia, penetra y se penetra irreductible, homogéneo, uno! Y cuando pienso en la noción de Dios, cuando mi espÃritu reflexiona sobre esa noción, penetro realÂmente su esencia, según mi pensamiento; en fin, participo de la misma naturaleza de Dios, de acuerdo con el grado que muestra su noción en mÃ, al ser Dios el ser mismo y el ideal de todos los pensamientos. Y mi espÃritu, al hilo del abanÂdono de mi pensamiento en Dios, resulta peneÂtrado por Dios, por el aumento proporcional de la noción viva de Dios. Con la buena voluntad de mi libertad, los dos términos se confunden en esa unidad que soy yo misma: y se confunden sin dejar de ser distintos. Ahora bien, a la Revelación cristiana, como es la consecuencia y la aplicación de este principio absoluto, no puedo tratarla como «quimera cuyo tiempo ha pasado», ya que es de la misma naturaleza de su principio, es decir, eterna, incondicionada, inmutable.