La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Y me puse a reír de mi gracia por la sonora escalera.
Ciertamente no había llegado a los dos tercios de la duración habitual y regular de mi risa, cuando mi nombre, pronunciado por una voz agonizante, me llegó a través de la puerta más vecina a la estancia en la que me encontraba.
Me sentí incómodo y me detuve bruscamente.
—¿Qué es eso? —dije al criado.
—¿Eso? —dijo—, es la vieja señora… Se ve que os conoce.
—¿Cómo se llama esa señora?
—Señora Lenoir.
—¡Señora Lenoir!… —dije muy bajo después de un silencio—. ¡Cómo!, ¿la encantadora e incomparable señora Lenoir, la viuda de mi pobre amigo?… No obstante, ¿cómo podría encontrarse aquí? —me preguntaba a mí mismo.
El camarero puso su lengua contra los dientes y dejó oír un susurro de indiferencia.
—No sé —dijo elegantemente.