La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Se me dirá que en el momento de una expeÂriencia seria, aquello era dar muestras de un sentimentalismo completamente intempestivo ya que nadie ignora que esta formalidad cientÃfica —asà como muchas otras, más familiares aún— se practica, todos los dÃas y a todas horas, en una media de por lo menos cincuenta o sesenta mil cadáveres femeninos (que pertenecen a la clase necesitada, bien es cierto) en los anfiteatros, morÂgues, hospicios, etcétera.
Responderé que precisamente porque siempre habÃa conocido a la señora Lenoir en una vida acomodada es por lo que el hecho, en esta ocaÂsión, se me aparecÃa como un sacrilegio.
¡Ah! Si la querida señora sólo hubiera sido, saÂbiéndolo yo, una necesitada, una pobre, ¡Dios mÃo!, incluso una trabajadora, por supuesto que ni siquiera se me habrÃa ocurrido la idea de duÂdar, o que, si se me hubiese pasado por la mente este escrúpulo ridÃculo, lo hubiese ahogado rápiÂdamente, ruborizándome, para no merecerme ser la irrisión de todos mis colegas.