La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Pero, cuando aventuré la primera mirada en esos ojos por el agujero del oftalmoscopio, retrocedí, sin saber, sin querer saber lo que había visto.
Durante un instante me quedé inmóvil; en cuanto a las ideas que entonces aparecieron en mi cerebro, no creo que ni el mismo infierno haya podido reflejar un horror mas espeluznante.
Y haciéndome estremecer, estalló en ese momento, empurpurando los cristales, el ramillete de los fuegos artificiales de la fiesta nacional, a lo lejos, sobre la exultante ciudad, con las exclamaciones de una multitud bisexual.
Sin embargo, el pabilo iba a apagarse, me iba a quedar a oscuras.
—¡No! —exclamé doblando la rodilla, ¡es preciso que vea! ¡Es preciso que vea!
Y dirigí mi mirada a la abertura luminosa.
Me pareció que yo era el único de los seres vivos que iba a mirar por primera vez el infinito por el ojo de la cerradura.