La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Bueno… ¿Y luego?… —murmuraron los Eventualistas, asombrados por la solemnidad del tono del eminente terapeuta.
—¿Luego? —respondió éste—: os ruego que siÂgáis este razonamiento, cuya milagrosa banalidad es, una vez más, mortal justamente porque sólo puede parecer una paradoja.
¿Podéis comprender (¡por fin!) esa verdad desÂaparecida de las memorias?: el dÃa sólo tiene veinÂticuatro horas.
Partamos de ese principio. Cuando un hombre se acuesta antes de medianoche y se levanta a las siete de la mañana, ese hombre tiene la mirada clara, el espÃritu despierto y el brazo sólido y desÂcansado; puede interesarse de un modo serio en los asuntos de su paÃs… (al tiempo que se ocupa fructuosamente de los suyos).
Por el contrario, si ese hombre coge la cosÂtumbre de no dormirse (¡y con qué sueño!) hasta las tres de la mañana, eso le lleva, es evidente, ¡a comer muy tarde!… Se levanta con los ojos apagados, bosteza, levanta las cejas, pasan las horas, el dÃa está perdido. Las preocupaciones, aumentadas por más que inútiles gastos en lÃquiÂdos, se hacen cada vez más asfixiantes: en suma, si se proyectó la vÃspera el motÃn, se retrasa para la próxima semana, in-de-fi-ni-da-men-te.