La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet ¡Pero aún tengo algunos accesos!…
Entre la gente, disimulo esta emoción por eduÂcación. Si, en cualquier sarao, estoy charlando mucho tiempo con una señora, en un momento determinado, ella no sabe —¡no, afortunadamenÂte, lo veo en sus ojos!—, ella no sabe que en el mismo instante en que, sonriendo, dejo derretirse un inocente bombón de mi carrillo derecho al izquierdo, con ruido dulzón y suave, y tratando a los demás de «fanáticos», ignora, como digo, que en ese mismo momento, ¡una medianoche dobla sus campanadas en mà con repiques sordos, proÂfundos, lúgubres! ¡Y que esa medianoche suena con más de doce campanadas!
Ahora tengo una manÃa, adoptada desde hace años como disfraz de mis trabajos preferidos.
Me permite ir por los cÃrculos, confabularme con los hombres, las mujeres y los niños, y ser bien acogido por ellos. Apenas me atrevo a nombrarla, porque mucho me temo una burla fuera de lugar: quiero hablar de la manÃa de arreglar matrimonios. La sarta de rodeos no tiene otro motivo.
He aquà por qué adopté esta manÃa: es extreÂmadamente simple.