La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet —Es dudoso —continuó— que nos volvamos a ver jamás. ¡Bueno! Rechazo vuestras excelentes ofertas porque hay una mujer cuyos rasgos nunÂca olvidaré mientras mi ser dure.
—¡Eh!… —dije yo con un tono tranquilo—: ¡Muy bien! Lo comprendo: ¡lo contrario incluso me hubiera sorprendido! —añadà en voz baja—; pero, permÃtame decirle:
(En ese momento me levanté e hice grandes gestos de desolación):
—¡Ay! ¡Qué pena! ¡De verdad, es una pena!
Lo que habÃa de diabólico en mÃ, es que ignoÂraba totalmente qué mujer podÃa ofrecerle y mi principal preocupación era solamente evitar cualÂquier pregunta relativa a los infusorios.
—¡Y está casada! —murmuró sir Henry Clifton, en voz baja, como para sà mismo.
Sentà que mis ojos se humedecÃan de lágrimas.
—¿Puedo seros útil?… —le pregunté, al azar, con una profunda ternura.
Y añadà con presteza, en voz baja:
—¡Es que no soy manco en las negociaciones enrevesadas!