La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Hubo un momento de singular silencio durante el cual me sentà observado por el joven. Dudaba, quizás, entre abofetearme o abrazarme. De anteÂmano sabÃa yo que la interpretación decisiva de mis palabras me serÃa favorable en su ánimo.
—Gracias, amigo mÃo, mi viejo amigo —acabó por articular en un tono de violenta emoción que fue dulce para mi alma—: pero la pobre mujer no ha de volver a verme. ¡Volver a verme! —contiÂnuó con amargura—; sus ojos enfermos no me reconocerÃan; ¡sin duda alguna, estará ya ciega en estos momentos! ¡SÃ! ¡si, eso ha pasado con sus Pobres ojos!…
Y todavÃa emocionado escondió la frente entre sus manos.
Al oÃr estas palabras, retiré lentamente el cigaÂrro de mi boca y lancé a sir Henry Clifton una mirada horrible entre las sombras: porque —¡realmente, no sé porqué!— el joven acababa de hacerme pensar en mi bella y extraña amiga, en los desgraciados ojos de mi digna amiga, la señora Claire Lenoir.
Saqué silenciosamente mi reloj y me levanté:
—¡Será un placer volverle a ver, mi joven teÂniente! —exclamé—. Tenéis vuestros secretos: hay momentos en que se debe preferir la soledad y sé respetarlos…