La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet Los ojos eran de un verde pálido. Los paseos por las montañas y los acantilados habÃan expuesÂto sus pupilas —¡sus grandes pupilas!— al viento arenoso y ardiente del mediodÃa. Su vista, ya de por sà débil, se habÃa alterado profundamente y pronto el unánime veredicto de los médicos la habÃa condenado a una ceguera precoz.
Pero, pensando un dÃa en la similitud de nomÂbres que se producÃa entre los Lenoir, de Luchon, y mi viejo compañero, el doctor Césaire Lenoir, de Saint-Malo, se me ocurrió la idea de que Claire, en vez de llamarse señorita, podrÃa llamarse seÂñora Lenoir, sin grandes dificultades.
¿Por qué no?
Sin más escribà al excelente Césaire, que se dio buena prisa en acudir a Luchon. Esta coincidenÂcia de nombres fue hábilmente explotada por mà como pretexto para una presentación formal. CéÂsaire era un hombre de apenas cuarenta y dos años; pronto se consumó el matrimonio. Yo me froté gloriosamente las manos, habiendo hecho a ambos felices.
Lenoir llevó a su mujer a Saint-Malo, a su proÂpiedad de las afueras, calle de la Palidez MalvaÂda, 18, su acostumbrada residencia; sus cartas me indicaban de vez en cuando que la felicidad de su unión —dejando aparte la amenazadora ceguera de Claire— no se encontraba perturbada por ninguna preocupación.