La extrana historia Dr. Bonhomet
La extrana historia Dr. Bonhomet ¿Cómo podía haber conocido a la joven señora sir Henry Clifton, el amable, noble hijo de los mares? ¿Podía afirmar (suponiendo que se trataba de Claire Lenoir de quien le oí hablar), podía afirmar, digo, que había faltado a sus deberes? ¡No! Tal pensamiento era repugnante. Eran imaginaciones mías.
Además, Claire, la bella Claire, era, si mi memoria no me engaña, una mujer de recogimiento y de estudio: una metafísica. ¿Qué digo? ¡Una sabia! ¡Una criatura imposible! ¡Una extática! ¡Una ergótica! ¡Una culterana! Una soñadora.
¡Vamos!, no podía ser ella la que el teniente había querido marchitar con una acusación de adulterio.
Allá encima, me sonreí a mí mismo, volviendo a cubrir mi cabeza con la sábana; me encogí de hombros pensando en el joven inglés, y me dormí.