Antes de Adán
Antes de Adán Primeramente arrancamos las rocas desmoronables con los dedos, hasta lastimarnos las uñas; luego, por casualidad, se me ocurrió utilizar una piedra o un pedazo de leño para escarbar en la roca. La cosa fue muy bien al principio, pero no sucedió así después, porque una mañana que a fuerza de arañar hicimos un montón de escombros a la puerta de la cueva, se me ocurrió echarlos a rodar por el escarpado, despejando la entrada. Enseguida sentimos un alarido de rabia lanzado desde abajo. No era necesario mirar. Conocíamos la voz demasiado bien. Los escombros habían caído sobre Ojo Bermejo.
Nos agazapamos en la caverna, consternados. Un minuto después estaba él en la entrada de la cueva escudriñando con sus ojos inflamados y enfurecido como un demonio. Pero era demasiado grande y no podía entrar a cogernos. De pronto se fue. Esto era sospechoso. Conocíamos muy bien el carácter de la Horda y sabíamos que la ira no se habría desvanecido tan pronto. Me acerqué hacia la entrada para observar. Vi entonces a Ojo Bermejo que trepaba nuevamente por los peñascales. Llevaba en la mano un palo enorme. Antes que pudiéramos adivinar su intención ya estaba de nuevo a la puerta de la caverna pinchándonos brutalmente con el palo.