Antes de Adán
Antes de Adán Sus acometidas eran prodigiosas. Hubieran podido reventarnos si nos acertaran. Nos acurrucamos contra las paredes laterales, donde casi estábamos fuera del alcance de su ira; pero hurgando hábilmente nos alcanzaba alguna que otra vez, en sus crueles y arañantes pinchazos con la punta del palo, que nos arrancaba pedazos de piel. RugÃa de satisfacción cada vez que el dolor nos arrancaba un gemido, y volvÃa más afanoso a sus embestidas.
Yo empecé a enfurecerme. Era entonces un impulsivo y mi valor rayaba a veces en la temeridad, aunque en este caso era parecido al de la rata acorralada. Agarre el palo con mis manos; pero tal fue el latigazo fortÃsimo de su estirón, que me arrojo contra la boca de la caverna. Extendió su brazo y me desgarró la carne con las uñas cuando yo saltaba hacia atrás, librándome de su garra y logrando alcanzar la seguridad relativa del muro lateral.