Antes de Adán
Antes de Adán Comenzó a pinchar de nuevo, dándome un golpe terrible en el hombro. Más allá, tiritando de miedo y gimiendo de dolor cuando le alcanzaba, Oreja Caída permanecía sumiso. Busqué con la mirada algún otro palo con que pinchar a mi vez, pero únicamente pude encontrar una pequeña rama de una pulgada de grosor y un pie de longitud. La arrojé furioso contra Ojo Bermejo. No le hice daño alguno, pero lanzó en un gruñido todo el repentino acaloramiento de su ira, amenazándome con golpearme de nuevo. Empezó entonces a pinchar enloquecido, frenético. Cogí una piedra, la lancé con el máximo impulso, y fue a darle en pleno pecho.
Esto me envalentonó. Además, yo estaba tan furioso como él y había perdido el miedo. Arranqué otro peñasco del muro, de unas dos o tres libras de peso, y lo despedí con todas mis fuerzas sobre el rostro de Ojo Bermejo. Estuve a punto de acabar con él. Se tambaleó hacia atrás, dejando caer el palo, y, estuvo en peligro de rodar por el peñascal.