Antes de Adán
Antes de Adán Terminada felizmente la evasión, y después de reírnos a nuestras anchas, nos dimos cuenta de que se aproximaba el crepúsculo. La noche, con todos sus terrores, descendía sobre nosotros, y la vuelta a las cavernas era imposible. Nos refugiamos, pues, en un árbol aislado de los demás y pasamos la noche muy mal instalados en una de las ramas más altas. Cayó durante las primeras horas un buen chubasco, luego hizo mucho frío, y después un viento helado sopló cortante. Completamente empapados, tiritando y castañeteando los dientes, nos arrebujamos el uno en los brazos del otro, echando de menos la caverna tibia que conservaba el calor de nuestros cuerpos.
A la mañana siguiente estábamos decididos a no pasar otra noche como aquélla, y acordándonos del nido de mis padres, nos pusimos a trabajar para construir una obra ruda a manera de nido en los ramajes altos. Las bifurcaciones superiores nos servirían para apoyar el techo. Salió luego el Sol, y, olvidando bajo su benigna influencia las miserias de la noche, nos fuimos a buscar el almuerzo. Después, para que veáis cuán inconsecuente era entonces nuestra vida, nos pusimos a jugar. Hubiéramos estado trabajando un mes entero en la construcción del nido, para formarnos nuestra casita arbórea, y luego, una vez terminada, no la hubiéramos usado tal vez.