Antes de Adán
Antes de Adán En esta ocasión se nos ocurrió simultáneamente la misma idea. QuerÃamos escapar de los Hombres del Fuego: ¿qué cosa mejor que cruzar el rÃo sobre aquellos leños tan oportunamente encontrados? Trepamos a bordo y les dimos un empellón para separarlos de la ribera. Algo detuvo súbitamente al catamarán, que, arrastrado por la corriente, vino a chocar contra la orilla. El súbito choque estuvo a punto de zambullirnos en el agua. Estaba atado el catamarán con una maroma de raÃces retorcidas, y hubimos de desatarlo antes de darle un nuevo empellón.
Al poco tiempo ya habÃamos remado tanto corriente adentro, que veÃamos toda la residencia de los Hombres del Fuego. Ocupados en remar no nos dimos cuenta de nada, hasta que nos sorprendió un grito penetrante que sonaba en la ribera. Miramos en torno, y vimos a los Hombres del Fuego que acudÃan a perseguirnos. Una gran batahola se armaba en la ribera. Algunos de los Hombres del Fuego nos disparaban sus dardos, que a veces caÃan a nuestro alrededor; pero afortunadamente estábamos ya fuera de su alcance.