Antes de Adán
Antes de Adán Fue un gran dÃa para Oreja CaÃda y para mÃ. Al fondo el horizonte casi cubierto de humo por el incendio que habÃamos provocado; y aquà estábamos perfectamente a salvo en medio del rÃo, dando la vuelta a la fortaleza de los Hombres del Fuego. Nos sentamos tranquilamente, riéndonos de ellos, según Ãbamos avanzando, hasta dar la vuelta hacia el Oeste, en una gigantesca doble curva, donde el rÃo casi se anudaba sobre sà mismo.
HabÃamos dejado muy atrás a los Hombres del Fuego, cuando, inesperadamente, una escena familiar relampagueó ante nuestros ojos. VeÃamos el gran abrevadero, donde habÃamos ido tantas veces para observar a los animales que allà iban a beber. Más abajo debÃa estar el llano de las zanahorias, y aún más lejos las cavernas y la residencia de la Horda. Comenzamos a remar hacia la ribera, que parecÃa deslizarse rápidamente a nuestro paso, y antes de que tuviéramos tiempo de pensarlo, ya estábamos en el abrevadero, donde solÃa acudir la Horda. Allà estaban las mujeres y los niños llenando las calabazas. Al vernos salieron en estampida, enloquecidos, por los barrancales, abandonando tras de sà una colección de calabazas que habÃan dejado caer.