Antes de Adán

Antes de Adán

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La vida no era tan fácil como antes en las cavernas. Había que prevenirse contra Ojo Bermejo... Oreja Caída y yo no teníamos momento de sosiego, salvo cuando estábamos en nuestra caverna. A pesar del agrandamiento y reformas de la entrada, teníamos que escurrirnos como anguilas para meternos dentro. Y aun cuando continuamos de vez en cuando ampliándola, era todavía, afortunadamente, muy pequeña para que pudiese pasar el monstruoso cuerpo de Ojo Bermejo pero éste no volvió a atormentarnos allí. Sin duda había aprendido bien la lección, y aún llevaba en el cuello cierta protuberancia que mostraba el blanco de mis Pedradas. Nunca le desapareció este bulto, que era lo suficientemente grande para que se percibiera a distancia. Muchas veces me deleité al ver aquella obra de mis manos; y cuando estaba en lugar seguro, contemplándola me reía.

Los demás de la Horda, aun cuando no habrían venido a rescatarnos si Ojo Bermejo hubiera procedido a desgarrarnos a tiras delante de ellos, simpatizaban, no obstante, con nosotros. Acaso no fuera simpatía, sino un medio de expresar su aversión hacia Ojo Bermejo; pero de todas formas, nos advertían siempre de su llegada. Ya fuera en la selva, o en los abrevaderos, o en el llano, estaban prestos a avisarnos. Así es que teníamos la ventaja de gozar de muchos ojos en nuestra eterna contienda con Ojo Bermejo.


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