Antes de Adán
Antes de Adán Al fin aflojó los dientes y abrió la boca, soltando la carne rasgada. Me llevé el cadáver hacia lo alto del peñascal y me cobijé aquella noche a la entrada de mi antigua caverna, en cuyo interior dormían Oreja Caída y mi hermana. Pero primero hube de sufrir la tormenta de injurias de la Horda, por haberla despertado y exasperado. Me vengué cumplidamente. De cuando en cuando, el ruido de la cuadrilla de perros se aplacaba al pie del escarpado, y yo dejaba caer rocas que volvían a sobresaltarlos de nuevo, y otra vez surgían por todas partes las injurias y gruñidos de toda la Horda exasperada. Al llegar la mañana, compartí el perro con Oreja Caída y su esposa, y durante algunos días no fuimos los tres ni vegetarianos ni frugívoros.
Oreja Caída no fue feliz en su matrimonio, pero tuvo el consuelo de que no durase mucho tiempo. Ni él ni yo fuimos felices durante aquella época. Yo vivía solitario. Sufría los inconvenientes de haber sido expulsado de mi caverna y, además, no podía reunirme con ningún otro de los muchachuelos de la Horda. Sospecho que mi larga camaradería con Oreja Calda se había hecho habitual en nosotros.