Antes de Adán
Antes de Adán La hiena había olfateado de nuevo nuestras huellas, y se sentó bajo el árbol entre gruñidos de hambre. No nos preocupamos para nada, sino, al contrario, nos reímos mucho de ella cuando, enseñando sus fauces y gruñendo, se alejó entre los árboles. Era el tiempo de la primavera y en la noche se sentían muchos y variados ruidos. Como de costumbre, en esta estación del año abundaban las luchas entre los animales. Desde el nido podíamos percibir los relinchos de los caballos salvajes, el trompeteo de los elefantes, y el rugido de los leones. Pero la Luna surgió en el cielo, y nosotros reíamos felices, sin miedo.
A la mañana siguiente vimos dos pájaros machos que reñían tan ciegamente que pude echarme sobre ellos y cogerlos por el cuello sin ninguna dificultad. Así es como Dulce Alegría y yo hicimos nuestro primer almuerzo de bodas. Nos parecieron deliciosos. Era muy fácil coger pájaros durante la primavera. Otra noche vimos desde nuestro nido a dos antas que luchaban a la luz de la Luna, mientras que dos leones se deslizaron hacia ellas, alcanzándolas desprevenidas, en el ardor del combate.
Realmente, no tengo medio de conjeturar cuánto tiempo vivimos en aquel nido de Dulce Alegría. Pero, un día cuando estábamos ausentes, recibió el árbol el golpe del rayo, se rajaron las grandes ramas y quedó completamente destrozado el nido.