Antes de Adán
Antes de Adán El ataque se desarrollaba a intervalos. Se había detenido por un momento; porque habiéndonos refugiado nosotros en el interior de las cavernas, los Hombres del Fuego pensaban cómo nos podrían echar de allí. Ellos no se atrevían a seguirnos, y nosotros no nos atrevíamos a exponernos a sus dardos. De cuando en cuando, si alguien se acercaba al escarpado, alguno de la Horda arrojaba un peñasco aplastador. A cambio de lo cual caía atravesado por media docena de flechas. Así continuaron las cosas durante un buen rato; pero, la Horda terminó por recurrir a no presentar blanco fuera de las cavernas. La tregua era completa.
Más allá de los Hombres del Fuego, detrás de todos ellos, veía yo al viejo y arrugado cazador pequeñito que lo dirigía todo. Los demás lo obedecían ciegamente e iban de un lado a otro, cumpliendo sus órdenes. Corrieron algunos a la selva y volvieron con pesadas maderas secas y grandes montones de maleza; todos los Hombres del Fuego se dedicaron a amontonarla.