Antes de Adán
Antes de Adán En su ira salvaje, comenzó a despachurrarles a diestro y siniestro, entre sus membrudos brazos. A uno de los cazadores le despellejó la cara con los atenazados dedos nudosos y de tan tremendos músculos. A otro le destrozó el cuello de un mordisco. Los Hombres del Fuego se retiraron lanzando feroces alaridos, para abalanzarse de nuevo sobre Ojo Bermejo; pero éste asió un leño y comenzó a aplastarles la cabeza a cuantos se acercaban. Era demasiado enemigo para ellos. Los Hombres del Fuego se vieron obligados a retirarse nuevamente. Ojo Bermejo aprovechó la oportunidad, les volvió la espalda y huyó ululando enfurecido. Cayeron unos cuantos dardos veloces junto a él; pero se internó entre las breñas espesas y desapareció.
Dulce Alegría y yo nos alejamos entonces, deslizándonos suavemente, pero con tan mala fortuna, que tropezamos con otra partida de Hombres del Fuego. Nos persiguieron por los matorrales y pantanos; pero conocíamos los senderos arbóreos que cruzaban los tremedales y las lagunas por donde no podían perseguirnos, y escapamos ilesos. Pasamos a la orilla opuesta, hacia una estrecha faja de bosque que separaba el pantanal de las bayas y la gran laguna extendida hacia Poniente. Allí nos encontramos a Oreja Caída. Ignoro de qué manera se habría escapado, a no ser que no hubiera dormido en las cavernas la noche anterior.