Antes de Adán

Antes de Adán

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Allí, en la estrecha faja de bosques, podríamos haber construido tres cobijos entre las ramas de los árboles, donde establecemos; pero los Hombres del Fuego continuaban su obra de exterminio por todas partes. A la hora del atardecer, vimos a Cara Barbuda y su mujer que huían sigilosamente entre la maraña del bosque, hacia Oriente; pasaron junto a nosotros y desaparecieron a lo lejos. Huían rápidos y silenciosos, pintada la alarma en la faz. Oíamos en la dirección por donde habían llegado los gritos de los cazadores y el estridor de alguno de los nuestros. Los Hombres del Fuego habían encontrado el paso de los pantanos.

Dulce Alegría, Oreja Caída y yo seguimos las huellas de Cara Barbuda y su mujer. Nos detuvimos al llegar al borde de la laguna grande. No conocíamos sus pasos. Estaba fuera del linde de nuestra comarca y siempre la Horda había evitado penetrar allí. Ninguno de los que se aventuraron a hacerlo regresó jamás a las cavernas. Nuestras almas veían en aquel lugar misterio y horrores, lo terrible desconocido. Nos detuvimos, pues, al borde. Estábamos despavoridos. Los gritos de los Hombres del Fuego se acercaban más cada vez... Nos miramos consternados. Cara Barbuda corrió por la ciénaga y logró poner pie firme sobre un montecillo de hierba a unos diez metros más allá. Su mujer no pudo seguirle. Quiso intentarlo, pero retrocedió asustada ante la engañosa superficie de la ciénaga.


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