Antes de Adán
Antes de Adán ¿Serpientes? Mucho antes de que hubiera oído hablar de las serpientes, me atormentaban al dormir. Me acechaban en los claros del bosque y en las parameras se erguían y saltaban bajo mis pies; se deslizaban entre la hierba seca y por los desnudos retazos de los roquedales, o me perseguían hasta las copas de los árboles, enroscándose al tronco con sus cuerpos de brillantes escamas, haciéndome huir, trepando a lo más alto de las ramas, hasta los brotes oscilantes y quebradizos, desde donde sentía la amenaza del suelo a una distancia vertiginosa. ¡Las serpientes... con sus lenguas bífidas, sus ojos redondos y sus ardientes escamas brillantes, sus silbidos y su zumbar! ¿Acaso no las conocía yo demasiado bien antes de verlas en el circo, cuando el encantador de serpientes las presentó al público? Eran mis viejas amigas, o más bien las inveteradas enemigas que poblaban de horrores mis noches.
¡Oh aquellas interminables selvas tenebrosas y sombrías! ¡Durante cuántas eternidades no habré vagado yo en su seno, tímida criatura perseguida, sobresaltada al más leve ruido, asustada de mi propia sombra, siempre el ojo avizor, siempre alerta y vigilante, presto en todo momento a lanzarme en loca carrera fugitiva para salvar la existencia! Porque yo podía ser presa de cuantos feroces seres moraban en las selvas, y huía ante los monstruos cazadores, en un éxtasis de terror.