Antes de Adán
Antes de Adán
No obstante, Me acerque por fin a la jaula del león, asustado y tembloroso, después de haberme animado mucho mi padre. ¡Oh! ¡Le reconocí instantáneamente! ¡Era la fiera terrible! Sentí relampaguear en mi visión anterior las reminiscencias de mis sueños: el Sol ardiente del mediodía sobre las hierbas altas, el toro salvaje que pacía apaciblemente, el rápido abrirse de las hierbas ante el veloz salto de la fiera de atezada piel, un salto sobre la espalda del toro, la explosión de un bramido y un crujir de huesos rotos... Otras veces, la fresca quietud del abrevadero, el caballo salvaje que se arrodillaba para beber, suavemente, y luego, la fiera de atezada piel, un relincho doloroso, un salpicar de agua y el crujir y roer de huesos... Otras veces, el crepúsculo sombrío y el silencio triste del morir del día, y luego el rugido a toda voz del león calenturiento, repentino como si fuera la trompeta del destino, que nos hacía estremecer y encoger de pavor entre los árboles, y yo era uno de los que temblorosos, se recogían en la selva, castañeteando que miedo los dientes.