Antes de Adán
Antes de Adán Ya os he hablado de mi reserva. Sólo una vez confié a otro la extrañeza de estas cosas mÃas. Fue a un muchacho condiscÃpulo mÃo; tenÃamos ambos ocho años de edad. Le reconstituà las escenas de aquel Mundo desvanecido en que creo firmemente haber vivido alguna vez sacándolas de las tramas de mis sueños. Le hablé de los terrores de los tiempos primitivos, de Oreja CaÃda y de las travesuras con que nos distraÃamos, del guirigay de nuestras reuniones, de los Hombres del Fuego, y de los lugares donde se asentaban en cuclillas.
Pero se mofó de mÃ, se burló cruelmente y se puso a relatarme cuentos de fantasmas y de muertos que andan sueltos por la noche. Se rió de mi imaginación enferma. Le conté más cosas y brotaron sus risas más abiertamente. Juré con todas mis fuerzas que era verdad cuanto decÃa, y comenzó a mirarme con recelo. Luego transmitirÃa a los compañeros de juego sorprendentes relaciones entresacadas de mis conversaciones, hasta que todos comenzaron a mirarme con extrañeza.
Tal fue la mas amarga de mis experiencias; pero aprendà la lección. Yo era diferente de mis semejantes.