Antes de Adán
Antes de Adán Con tales lecturas, el fondo de mi ser no podÃa resultar más que convencional y ridÃculo. Pero como vivÃa en aquel lugar solitario y alejado, no tenÃa dónde elegir obras mejores y debÃa aceptar de buen grado lo que cayese a mi alcance. Me impresionaba mucho Signa, de Ovida, y solÃa zampármela —más que leerla de veras— con bastante frecuencia. No pude saber el desenlace más que unos años después, porque en mi ejemplar faltaban los últimos capÃtulos. Pero tal circunstancia, que en realidad era un inconveniente, para mà resultó positiva: porque gracias a ella, en mis ensoñaciones, podÃa inventarme nuevas aventuras del héroe, sin necesidad de que cayese bajo la Némesis destructora.
Durante algún tiempo, mi trabajo en el rancho consistió en ocuparme de las abejas. Como para ello tenÃa que sentarme al pie de un árbol desde la aurora hasta muy avanzada la tarde, aguardando el regreso del enjambre a su respectiva colmena, me quedaba tiempo de sobras para leer y para soñar.
El valle de Livermore era enteramente llano y sus colinas y cerros no me interesaban apenas. El único suceso que rompÃa mi embebemiento era el regreso de las abejas, momento en que debÃa lanzar la voz de alarma, para que la gente del rancho se retirase a toda prisa con sus cacharros, calderos y cubos llenos de agua.
Me parece recordar que Signa comenzaba de un modo asÃ:
