Antes de Adán
Antes de Adán
Antes de darme cuenta de nada ya estaba yo dentro de la cueva, en tinieblas. Luego me sentí atemorizado. Era la primera vez que veía una caverna. Comencé a gemir y llorar. Oreja Caída charloteaba en la sombra, haciéndome burla, y saltando sobre mí en la obscuridad, me tumbó de un empujón sin que pudiera verle. No se arriesgó, sin embargo, a un segundo encuentro y optó por retirarse. Yo me hallaba entre él y la entrada de la cueva, y aunque no le había visto pasar, parecía como si se hubiera escurrido de allí. Agucé el oído, pero no pude averiguar dónde estaba. Esto me dejó absorto. Gané la salida y me senté allí, quedando en acecho.
No lo vi salir por la entrada, estaba cierto de ello, y no obstante, al cabo de algunos minutos me dio un golpe en el codo. Corrí tras él, que de nuevo volvió a meterse en la cueva; pero esta vez no quise apartarme de la entrada. Me dejé caer a corta distancia y observé. Oreja Caída no salió y, sin embargo, volvió como antes a darme un golpe en el codo, persiguiéndonos por tercera vez, hasta que penetró en la caverna.
Volvió a repetirse la hazaña varias veces. Luego lo seguí hasta el interior de la cueva, buscándolo inútilmente. Se había avivado mi curiosidad. No podía comprender de que manera me burlaba. Llegábamos hasta la caverna, de donde nunca salía, pero siempre volvía a darme burlonamente en el codo. De esta suerte nuestra lucha se transformó en un juego al escondite.