Antes de Adán
Antes de Adán Seguimos jugando durante toda la tarde, descansando de cuando en cuando, y acabó por despertarse entre nosotros un sentimiento de amistad. Al fin él no huÃa de mà y nos sentábamos juntos, rodeándonos con nuestros brazos. Poco después me reveló el misterio de la caverna. Me condujo al interior asiéndome de la mano.
La cueva se comunicaba con otra por una pequeña rendija y a través de ella se deslizaba Oreja CaÃda para salir al aire libre.
Ahora éramos ya buenos amigos. Cuando los otros chicuelos se juntaron a mi alrededor para provocarme, él se unió conmigo, saliendo en mi defensa, y tan duramente les acometimos que pronto nos dejaron solos.
Oreja CaÃda me dio a conocer la aldea. Muy poco podÃa explicarme en lo que a condiciones y costumbres se refiere, porque no tenÃa palabras con que hacerlo; pero yo aprendà mucho observando sus acciones y después me mostró también las cosas y los lugares.
Me condujo por el llano, entre las cavernas y el rÃo, por la selva que más allá comenzaba, hacia un lugar herboso, bajo los árboles, donde almorzamos zanahorias, de fibrosas raÃces. Después bebimos un buen trago de fresca agua en el rÃo y trepamos el barranco en dirección a las cuevas.
En el barranco volvimos a encontrarnos con Ojo Bermejo. Yo no lo habÃa visto. Oreja CaÃda se retiró acobardado a un lado, apretándose contra el barranco.