Antes de Adán

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Capítulo VI

Viendo cómo los chicuelos más audaces jugaban al escondite en las cavernas de ancha entrada, comprendí que debían estar deshabitadas necesariamente. Nadie dormía allí por la noche. Sólo se utilizaban para dormir las cavernas de boca estrecha, mejores cuanto más reducida fuera la rendija de entrada, a causa del temor a los animales de presa que nos amargaban la vida en aquellas noches y días del Mundo primitivo.

Comprendí cual era la ventaja de estas cavernas de entrada estrecha a la mañana siguiente, después de la noche que dormí con Oreja Caída. Despuntaba el alba, cuando el tigre Diente de Sable caminaba por el llano. Ya se habían levantado dos de la Horda y corrieron a refugiarse en una de las cavernas. No sé si por efecto del pánico o porque estaría Diente de Sable demasiado cerca, sin darles tiempo para trepar por el escarpado hasta las grietas, ello fue que se metieron a toda prisa en la cueva de ancha boca donde habíamos jugado Oreja Caída y yo la tarde anterior.



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