Antes de Adán
Antes de Adán
Dimos entonces suelta a nuestra garrulerÃa locuaz. Hormigueábamos fuera de las cavernas, examinando las huellas de las garras sobre los peñascales del escarpado y charlando todos a la vez. Uno de los dos perseguidos por Diente de Sable hasta la doble caverna era casi adolescente. HabÃan salido ambos muy orgullosos de su refugio, pavoneándose ante la multitud que, admirada, habÃa comenzado a rodearles. Pero apareció entonces en medio de nosotros la madre del más joven y descargó sobre él su tremenda ira, tirándole de las orejas, arrancándole el pelo y dándole una soberana paliza, mientras gritaba como un demonio. Era una mujerona rolliza y muy peluda, que hacÃa las delicias de la Horda al verla zurrar a su hijo. Agarrándonos los unos a los otros y rodando juntos al suelo en la explosión de nuestra gran alegrÃa, prorrumpimos en estridentes carcajadas.
La Horda, a pesar de vivir en el reino del terror, era muy reidora. TenÃamos el sentido del ridÃculo. Nuestra alegrÃa era gargantuesca e irrefrenada. No sabÃamos hacer las cosas a medias. Ante las escenas cómicas que advertÃamos, inmediatamente nos deshacÃamos en convulsiones de risa. Las cosas más sencillas y toscas nos parecÃan cómicas. ¡Oh! VivÃamos en una perpetua carcajada. Os lo puedo asegurar.