Antes de Adán

Antes de Adán

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Tratábamos a todos los animales que invadían nuestra aldea de la misma manera que a Diente de Sable. Los barrancales y los abrevaderos estaban reservados para nosotros, porque hacíamos imposible la vida a las bestias que vagaban o penetraban en nuestros dominios. Hasta los más fieros animales cazadores, a fuerza de recibirlos de aquel modo, terminaron por dejarnos a solas en nuestros lugares. No éramos luchadores como ellos; éramos astutos y cobardes, y la astucia y la cobardía, junto con nuestra desordenada propensión al miedo, nos hicieron sobrevivir y vencer en aquel ambiente de terror del Mundo Primitivo.

Oreja Caída contaba, a mi entender, un año más que yo. No tenía medio de expresión para relatarme su propia historia; pero como nunca vi rastro de su madre, le creía huérfano. Después de todo, la paternidad no importaba gran cosa en nuestra Horda. El matrimonio estaba aún en estado primordial y las parejas tenían siempre abierto el camino de reñir y separarse. El hombre moderno, con la institución del divorcio, hace lo mismo, sólo que legalmente. Nosotros no teníamos leyes; nos regíamos por las costumbres, que no eran muy definidas en este asunto particular.




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