Aventura
Aventura David Sheldon se arrastró hasta el borde del camastro y se dejó caer de rodillas en el suelo. Logró incorporarse agarrándose a una silla, que fue arrastrando hasta la puerta. Aquel esfuerzo sobrehumano le hizo transpirar copiosamente, y después de alcanzar la galería cayó sobre la silla y se quedó un momento jadeante, pálido, como si tuviese un ataque. Finalmente logró erguirse para mirar con el catalejo que sujetaba el joven, apoyando un extremo en la barandilla. Le costó un buen rato poder enfocar las velas de la nave, y después de examinarla detenidamente sentenció:
—No es la Jessie. Es el Malakula.