Aventura
Aventura A Sheldon le desapareció de pronto toda la angustia e inquietud de aquella tarde, y paladeó una alegrÃa indescriptible al ver subir a la muchacha riendo, con el rostro iluminado y su cabellera al viento, mientras respiraba jadeante por el esfuerzo de su última maniobra en el mar.
—Hermoso, realmente hermoso… Pari-Sulay —dijo como saludo—. Lo compraré. Esta misma noche pienso mandarle una carta al Comisario. Ya he señalado con estacas el emplazamiento del bungalow…, es fantástico. DeberÃa usted acompañarme un dÃa para aconsejarme. Espero que no tendrá reparos en que siga viviendo aquà hasta que me establezca. ¿No es maravillosa esta lluvia? ¿He llegado a tiempo para la cena? Corro a cambiarme, y en un instante estoy de vuelta con usted.
En su ausencia, Sheldon se sorprendió paseando y entregado a vagas meditaciones por la sala, mientras esperaba impacientemente volverla a ver.
—¿Sabe que no voy a pelear más con usted? —le anunció, en cuanto ella tomó asiento.
—¡Pelear! —exclamó ella—. ¡Vaya palabreja! Suena realmente desagradable. Diga mejor discutir; me parece más apropiado.