Aventura
Aventura Nadie respondió, y tuvo que repetir la pregunta aún con más fuerza, revelando su creciente irritación. Los negros se agitaron tÃmidamente, como el rebaño que se estremece ante los latidos del perro guardián; pero nadie dijo nada. Todos le miraban a él, mostrando la más profunda ansiedad. Algo estaba a punto de ocurrir, y ellos esperaban en bloque, con esa compenetración caracterÃstica de las masas, a que alguien tomase la iniciativa para seguirle como corderos. Sheldon buscaba con la mirada al hombre que habrÃa de comenzar aquella acción, como a un hombre terrible. Frente a él descubrió el cañón de un rifle que, disimulada y lentamente, comenzaba a apuntarle, parapetado detrás de dos negros. Lo empuñaba un negro que se encontraba en la segunda fila, rodilla en tierra.
—¿Qué estás haciendo? —gritó Sheldon, señalando con la mano al atrevido, que tembló al oÃr su voz y bajó el arma.
Sheldon todavÃa dominaba la situación, e intentó aprovecharse.
—Fuera todos de aquà —ordenó—. Salid de aquà y marchaos al mar. ¿Me habéis entendido?
—Yo hablo —bramó un salvaje gordo y asqueroso, en cuyo pelo endurecido se habÃa acumulado la porquerÃa de muchos años.