Aventura
Aventura En el hospital se encontró con dos enfermos nuevos, a los que recetó aceite de ricino, y se alegró del resultado de aquel día, no tan desastroso como el de otros: únicamente habían muerto tres hombres. Después de examinar la copra que se había recogido, pasó por los jacales para ver si se escondía algún enfermo, desobedeciendo las severas órdenes que había dado, con el fin de aislar inmediatamente cualquier caso que apareciese. Al regresar a casa escuchó los informes de los capataces y les dio órdenes para el día siguiente. También se entrevistó con los jefes del embarcadero, asegurándose de que los botes permanecían arrastrados playa adentro y sujetos con cadenas y candados, como cada noche. Se trataba de una precaución de extraordinaria importancia, ya que un bote abandonado en el agua, cuando casi todos los negros tenían miedo, representaba la desaparición de veinte braceros al día siguiente; pérdida que supondría la ruina de Beranda, puesto que cada trabajador costaba treinta dólares, y los botes no eran fáciles de comprar en el archipiélago. La muerte iba reduciendo día a día la mano de obra. Una semana atrás, siete hombres se habían escapado a través de la selva. Cuatro regresaron amarillentos y consumidos por la fiebre, relatando que sus dos compañeros habían sido asesinados y kai-kai[2] por los hospitalarios bosquimanos. El otro logró escapar y vagabundeaba por la costa en espera de poder robar una canoa con la que viajar hasta su isla.