Aventura
Aventura No hicieron durante la cena el menor comentario que pudiese señalar la misión que traían. Se habló de cosas sin importancia, aunque Joan no dejó de notar la agitación que reflejaba constantemente la mirada de Sheldon. Ella se fue después del café, y a medianoche oyó voces y vio el destello de los cigarros mientras paseaban por el patio. A la mañana siguiente se levantó pronto, y supo que ellos habían madrugado más todavía y que ya estaban dando otra vuelta de reconocimiento a la plantación.
—¿Qué te parece? —le preguntó a Viaburi.
—Sheldon pronto no más amo.
—¿Y a ti qué te parece? —le preguntó a Ornfiri.
—Mi amo Sheldon ir a Sydney. Eso pienso. Él termina en Beranda.
El análisis de la plantación y las discusiones se alargaron todo el día, mientras el patrón de la Malakula no hacía más que enviar mensajes para que se diesen prisa aquellos dos hombres. Hasta el anochecer no se fueron en bote los dos visitantes, y aún tuvieron tiempo para sostener en la playa una conversación de más de una hora. Sheldon parecía discutir alguna cosa; esto le parecía claro a Joan, y la disconformidad de los dos forasteros parecía igual de clara.
—¿Qué pasa? —preguntó suavemente, cuando Sheldon regresó a la mesa para cenar.