Aventura
Aventura —Me gustarÃa saber si usted es simplemente cabezota, o si realmente ha decidido hacerse plantadora —dijo Sheldon al dÃa siguiente, durante el desayuno.
—A mà también me gustarÃa que fuese usted menos antipático —contestó Joan—. Nunca he encontrado en mi vida una persona tan llena de prejuicios. Pero ¿a santo… a santo de qué no le cabe a usted en la cabeza que yo pueda ser diferente de todas las mujeres que ha conocido hasta hoy? Ya habrá notado que soy diferente, de forma que es absurdo que me trate como a todas. Yo he gobernado mi propio barco… como patrona, si eso le gusta más. Y he llegado hasta estas islas con la intención de establecerme. Eso también debe saberlo, porque se lo he dicho más de mil veces. Era el plan de papá, y yo lo estoy llevando a cabo del mismo modo que usted hace con los sueños de Hugo. Papá decidió navegar y navegar hasta dar con la tierra apropiada. Pero murió, y yo seguà navegando y navegando hasta llegar aquÃ. ¿Qué otra cosa podÃa hacer —preguntó encogiéndose de hombros— si la goleta se fue a pique?… Ya no podÃa seguir navegando y, por lo tanto, decidà quedarme. Le aseguro que me convertiré en plantadora…
—Pero dese cuenta…
