Aventura
Aventura —Si usted piensa de verdad que me vine a las Islas Salomón para casarme… —replicó enojada—. Sepa que en Hawai podrÃa encontrar hombres mejores. Realmente, cualquiera que le oyese a usted repetir esta idea pensarÃa que es usted un obseso…
Se calló, asustada. Sheldon habÃa enrojecido de forma tan repentina que se estremeció. Supo que le habÃa ofendido profundamente. Joan se tomó el café que quedaba en su taza y se incorporó, diciendo:
—Esperaré a que se tranquilice para continuar nuestra conversación. Es difÃcil hablar con alguien que se enfada tan fácilmente. ¿Quiere venirse a nadar? El mar está espléndido.
«Si fuese un hombre, hace tiempo que la habrÃa mandado a freÃr espárragos a ella, a la plantación, a sus tahitianos y a sus florines», se dijo en cuanto se quedó solo.
Pero el problema era que Joan no era un hombre. ¿Adónde irÃa, y qué pasarÃa con ella?