Aventura
Aventura Von Blix era rudo y antipático; pero Tudor tenía un encanto especial en su forma de mirar y de hablar. Sus ojos azules denotaban inteligencia y las más imperceptibles líneas de sus rasgos acentuaban cada palabra que pronunciaba. Su delicada sonrisa daba a sus palabras un cierto toque de ingenuidad. Pero habló poco, porque Von Blix se empeñó en explicar él solo su historia y la misión que los llevaba hasta allí.
Se encontraban realizando una expedición en busca de oro. Él era el jefe, y Tudor su segundo. Todos —hasta un total de veintiocho— formaban parte de aquella aventura como accionistas. Algunos eran marineros, pero la mayoría eran mineros que habían trabajado en alguna que otra mina, desde México hasta el Océano Ártico. Eran hombres atacados por la fiebre del oro hasta tal punto que eran capaces de llegar hasta las Islas Salomón en busca del preciado metal. Unos, mandados por Tudor, tenían que remontar el Balesuna para entrar en el montañoso corazón de Guadalcanal, mientras que la Martha, capitaneada por Von Blix, desplegaría sus velas hacia Malaita para realizar una expedición de reconocimiento.
—Por eso —concluyó Von Blix— necesitamos algunos negros para la expedición de Tudor. ¿Podría prestárnoslos usted?
—Pagando, naturalmente —añadió Tudor—. No tiene más que pedir lo que le parezca justo. Creo que usted les paga seis libras anuales, ¿no?