Aventura
Aventura Él mismo se sentÃa un poco insignificante al lado de Tudor, que tenÃa la costumbre de alardear de todas sus habilidades. Sheldon era consciente de su propio valor, pero nunca le habÃa gustado vanagloriarse de ello. SabÃa que era capaz de sumergirse en el mar en medio de una nube de tiburones para salvarle la vida a alguien, pero le parecÃa un acto de exacerbada vanidad arriesgar la vida con el único fin de quitarle a una fiera del mar la mitad de su comida. La diferencia entre ambos hombres, en realidad, estribaba en que Sheldon habÃa echado las cortinas de su propio escaparate. Dentro de sà mismo la vida se agitaba enérgicamente, pero no estaba dispuesto a demostrarlo únicamente para asombrar al mundo con las proezas que él era capaz de realizar. El efecto que lograba el otro con sus extraordinarias exhibiciones le llevó a encerrarse todavÃa más en el carácter frÃo y estoico de su pueblo.
—Lleva varios dÃas que parece usted idiota —se quejó finalmente Joan—. Cualquiera pensarÃa que está enfermo o algo parecido. Parece que el trabajo en la plantación le importa tanto como las palmeras. ¿Qué le ocurre?