Aventura
Aventura —Le acompañaré en su viaje —sugirió Sheldon.
—Deje que la lleve en la Minerva —propuso Young.
Ella sonrió a ambos, y negó con la cabeza.
—Me iré en mi embarcación. Cualquiera pensaría, con sus ofrecimientos, que nunca he salido de esta casa. Usted, Sheldon, es mi socio, y no puedo permitir que abandone su trabajo por un gesto caballeroso mal entendido. Ya que no me deja ser capitán de un barco, tampoco deseo verlo vagando por los mares como protector de una muchacha que no necesita ninguna protección. Respecto a usted, capitán Young, ya sabe que en menos de dos horas tendrá que zarpar para Marau.
—¿Y no puedo acompañarla al menos hasta el vapor? —preguntó Tudor con una presunción que puso nervioso a Sheldon.
—¡No y mil veces no! —exclamó la joven—. Usted tiene que dedicarse a su trabajo, y yo al mío. Vine a las Islas Salomón para trabajar, y no para que me admirasen como si fuese una muñeca. Además, me sobran guardaespaldas. Aquí tiene usted uno de ellos, y todavía me quedan siete como él.
Adamu Adam se encontraba a su lado, sobresaliendo con su gigantesca estatura por encima de los tres. La camisa de algodón que llevaba puesta apenas lograba disimular las enérgicas curvas de sus poderosos músculos.