Aventura

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Después, volviendo a la realidad, su rostro se tornó grave. De modo que la joven se encontraba entonces en las terribles costas de Malaita, en Poonga-Poonga, el peor de los lugares, el más peligroso de todos los poblados caníbales, repleto de ladrones y asesinos. Pensó en preparar su bote y marchar a todo remo a Poonga-Poonga; pero desistió inmediatamente de aquella locura. ¿De qué serviría? Joan se enfadaría, o se reiría de él, tratándole como a un idiota; y después de todo, no ayudaría más con su rifle que cualquier otro con el suyo. Los únicos motivos que realmente podrían empujarle a marcharse eran mandar que volviese, arrebatarle el gobierno del Flibberty-Gibbet, o acabar con la sociedad. Pero nada de esto serviría, y daría pie a que ella se desfogase de la forma que él recordaba. Era demasiado orgullosa como para dejar ahora el negocio de Poonga-Poonga, después de emprendido. No obstante, nada le gustaría tanto como recibir un mensaje de ella en el que le pidiera ayuda. Y lo deseaba de tal forma, que incluso se imaginó leyendo sus palabras: «Venga y écheme una mano». En efecto, esas serían sus palabras: «Venga y écheme una mano».





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