Aventura
Aventura —¿Le gustarÃa saber qué es lo que deseo con toda mi alma? —le preguntó a Joan animadamente—. ¿Lo que es el centro de todos mis sueños e ilusiones?
Él se calló, y la miró aparentando indiferencia, aunque enseguida se dio cuenta de que ella esperaba apenas una confidencia relativa a los negocios.
—SÃ, cuénteme —contestó Joan, impaciente ante aquel interrogante.
—Me gusta reflexionar sobre la prosperidad de Beranda —dijo Sheldon—; pero se trata de un problema subordinado al mayor de mis deseos, que consiste en que un dÃa comparta usted conmigo estas tierras de forma más completa, y no solo por negocios, o por el derecho que le asiste al ser copropietaria. Me refiero al dÃa en que esté usted dispuesta a convertirse en mi mujer.
Joan retrocedió, como si acabase de morderla una serpiente venenosa, y palideció, no porque la hubiesen ofendido en su timidez virginal, sino arrebatada por la ira, que él vio aparecer instantáneamente en su mirada.