Aventura
Aventura —Escuche usted, Mr. Sheldon —dijo furiosa—; a pesar de su temperamento tranquilo, cuenta usted con todo mi cariño pero quiero que entienda de una vez por todas que no he venido hasta las islas Salomón para casarme. El matrimonio es una desgracia a la que habrÃa podido sucumbir sin necesidad de salir de casa, y sin navegar diez mil millas en su busca. Tengo una misión que cumplir, y me vine hasta estas Islas para llevarla a cabo. Si me casara no lo lograrÃa, ¿comprende? Eso puede que sea fantástico para algunas mujeres, pero no para mÃ. Además, ¿no se da cuenta de que esto destruye todo lo que tenemos? Ahora, cuando estaba tan feliz y animada con nuestra sociedad, y me sentÃa tan orgullosa de ella. No puedo seguir siendo su socia si comienza a cortejarme.
Reprimió el llanto, y logró detener también las lágrimas que asomaban por sus ojos.
—Una situación tan extraña como es la convivencia de un hombre y de una mujer extraños el uno para el otro resulta insoportable —protestó Sheldon gravemente—. Ya se lo advertà al principio.
—¡Es verdad, demasiado bien recuerdo sus palabras! Fue muy sutil en sus advertencias. Ya me preocupaba yo de ponerme en guardia contra todos los hombres de estas islas, excepto contra usted.