Aventura
Aventura Joan llevó su montura en medio de las palmeras, observó el vuelo de un pájaro exótico y lo siguió hasta la salida de la plantación. Una vez allí se detuvo, escuchando el sonido de las palomas en las umbrías del bosque, y después siguió las huellas frescas de un cerdo salvaje durante un buen trecho. Entonces dio la vuelta por un sendero que llevaba hasta el bungalow en medio de los veinte acres de espeso herbazal que le llegaba hasta más arriba de la cintura. Al pasar por aquel lugar, recordó que Gogoomy pertenecía al grupo de negros que había sido castigado y destinado a cortar hierba, y se dirigió hacia el lugar en donde deberían estar trabajando; pero no vio a nadie. Su caballo, que no llevaba herraduras, pisaba el suelo blando de arena sin hacer ruido. Repentinamente le llegó desde la espesura del herbazal un ruido de voces. Colocó su montura al trote, y cuando se encontró cerca la detuvo para escuchar con atención. Era Gogoomy el que estaba hablando. En cuanto reconoció su voz, Joan sintió una gran indignación, y apretó con fuerza los estribos.