Aventura
Aventura —Es deliciosa, en ocasiones frente a un libro de versos, otras veces para hacer reÃr a cualquier hombre, y algunas otras para el estómago de un tiburón —dijo riendo—. Aún asÃ, me encantarÃa saber nadar tan bien como usted. Quizá asà llegarÃa a tener la confianza que usted tiene.
—¿Sabe que serÃa un placer casarse con un tipo como usted, tal como va cambiando? —observó ella con una de sus desconcertantes frases—. Estoy comenzando a sospechar que quizá serÃa un buen marido, con el tiempo; uno de los que no se preocupan exclusivamente por dominar a la mujer, puesto que se dan cuenta de que ella es tan persona como él, y por lo tanto tiene el mismo derecho que él a la libertad individual. Realmente, no puedo negar que está progresando.
Y con estas palabras, espoleó al caballo y se marchó, dejando a Sheldon muy intrigado. Si él hubiese descubierto en aquellas palabras la intención femenina de animarlo o atraerlo, se habrÃa sentido el hombre más feliz del mundo; pero demasiado sabÃa que era la niña, y no la mujer, la que habÃa hablado de aquella forma.