Aventura

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Las huellas de los fugitivos, que se dispersaban en aquel lugar, se juntaban no muy lejos, para seguir su camino en dirección al Beranda, que habían atravesado con la intención de esconderse entre los frondosos árboles del pantano que se extendía al otro lado.

—De nada sirve que sigamos adelante —dijo Sheldon—. Seelee reunirá a todos sus hombres y los expulsará de allí. No les permitirá pasar. Lo que tenemos que hacer nosotros es vigilar la costa para evitar que caigan sobre la plantación para atacarnos.

En medio de la oscura maraña de la orilla contraria, se deslizaba río arriba una canoa. Se movía tan silenciosamente como una aparición. Tres negros completamente desnudos manejaban los silenciosos remos. En la proa de la embarcación se amontonaban los dardos de huesos, largos, delgados y puntiagudos, y cada uno llevaba colgado de la espalda un carcaj abarrotado de flechas. Parecían escudriñarlo todo; vieron a Joan y a Sheldon, pero se mantuvieron indiferentes. Se pararon frente al lugar en que se habían escondido Gogoomy y los demás fugitivos; después dieron la vuelta y desaparecieron en la espesura negra de los mangles. Aparecieron de ese modo varias canoas más, siempre remando a contracorriente y deslizándose sobre el agua con un silencio fantasmal. Dos de ellas sobrepasaron el punto en que los fugitivos habían vadeado el río, y se perdieron en la arboleda.


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