Aventura
Aventura Los voluntarios negros de Poonga-Poonga, felices y contentos, casi desnudos con sus pequeños taparrabos y sus exagerados adornos, se mostraban ante las miradas de su amo gesticulando de satisfacción. Todos lucÃan un anillo de concha de tortuga colgando de la nariz, una pipa de arcilla que pendÃa de sus orejas, y un brazalete de bisuterÃa encajado en los bÃceps. Del cuello de uno de ellos colgaban dos fantásticos colmillos de jabalÃ, mientras que del pescuezo de otro lo hacÃa el redondel pulido de una almeja fosilizada.
—Tenemos que prepararnos para una lucha salvaje —les advirtió Sheldon.
Ellos mostraron su dentadura al sonreÃr de alegrÃa.
—¿Os dais cuenta de que los bosquimanos podrÃan kai-kai a vosotros? —les preguntó.
—No temor —respondió aquel a quien habÃan indicado como portavoz del grupo, Koogoo, de firmes músculos y labios gruesos como los de un etÃope—. ¿Y si los que venimos de Poonga-Poonga kai-kai a los salvajes de las montañas?
Sheldon movió la cabeza con su carcajada, los despidió y se fue al almacén, a buscar alguna tienda de campaña que pudiera servir para Joan.